ENTREVISTA AL PRESIDENTE DE AEES, LUIS MIGUEL ALONSO

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El doctor Carlos Sierra entrevista a Luis Miguel Alonso Suárez, Presidente de Enfermería y Salud al respecto de una revisión Cochrane para evaluar la sustitución de médicos por enfermeras:

C. Sierra.-  La revisión Cochrane concluye que el personal de enfermería puede prestar atención hospitalaria tan segura y efectiva como el personal médico en muchos servicios tradicionalmente desarrollados por estos últimos. ¿Hasta qué punto cree que estas conclusiones son extrapolables al contexto del Sistema Nacional de Salud español? ¿Cuáles son esos servicios que el personal de enfermería podría pasar a realizar?

L.M. Alonso.- No es extrapolable, en cualquier caso ese planteamiento es erróneo e injusto para médicos y enfermeras. Los estudios académicos de grado de medicina y grado de enfermería, capacitan a cada una de las profesiones para su ejercicio.

No es justificable pretender que el médico sustituya a la señora de la limpieza o que la enfermera pase a ser telefonista. Ni que un arquitecto pase a ejercer de abogado, ni que una auxiliar de enfermería se dedique a realizar operaciones a corazón abierto.

Si aumentan los incendios y no hay bomberos deberemos formar adecuadamente a los aspirantes a bomberos

Si faltan médicos deberemos conseguir más médicos

Es lo lógico.

Para más datos, las enfermeras SOLO QUEREMOS TRABAJAR DE ENFERMERAS y necesitamos muchas más para el trabajo de enfermería que se demanda.

C. Sierra.-  España comparte problemas como envejecimiento poblacional, listas de espera y escasez de médicos en determinadas áreas. ¿Puede la ampliación de roles enfermeros ser una respuesta realista a estos desafíos en nuestro país?

L.M. Alonso.-  Muchas cosas, vayamos por partes, el problema, que lo es real, de las demoras (listas de espera) tanto quirúrgicas, como de pruebas especiales y consultas médicas, no se circunscribe exclusivamente a la falta de facultativos, sino, también, a un problema de (MALA) GESTIÓN de los sistemas de salud y claramente del concepto del modelo de salud español.

No podemos olvidarnos de que más de la mitad de las camas hospitalarias se ocupan con pacientes crónicos pluripatológicos reagudizados o no, cuando el diseño original del modelo hospitalario era eminentemente quirúrgico. Esta situación por sí misma reduce la capacidad quirúrgica de los hospitales.

Para solucionar dicha situación, obviamente es precisa una reforma de la atención primaria y dentro de la misma el refuerzo de la asistencia hospitalaria.

Respecto al paciente crónico pluripatológico (un amplio espectro de nuestra población, en crecimiento constante) la intervención médica se puede circunscribir al diagnóstico y tratamiento, siendo función de la enfermera el seguimiento, control de la adhesión, evaluación, acompañamiento y CUIDADOS (la principal necesidad de este tipo de pacientes)

Obviamente hay especialidades médicas con escasez de efectivos y otras con excedente de profesionales, lo que nos vuelve a llevar a una NEFASTA GESTION de los recursos humanos y de la planificación de necesidades a corto, medio y largo plazo de acuerdo entre los ministerios de sanidad y educación.

C. Sierra.-  Los estudios incluidos proceden mayoritariamente de países anglosajones, especialmente del Reino Unido. ¿Qué diferencias organizativas o culturales del sistema español podrían facilitar o dificultar la implantación de estos modelos?

L.M. Alonso.-  Como rezaba el viejo dicho, España es diferente, y quien no lo asuma tendrá un problema añadido. Nuestra cultura, la cultura del sur, no tiene nada en común con el mundo anglosajón, y mucho menos con el nórdico.

Nunca hemos reaccionado bien al intento colonizador de otras culturas tanto a nivel laboral, como social, como sanitario, lo que no va reñido con el máximo nivel de excelencia y adaptación a las nuevas tecnologías y al progreso científico el cual abanderamos en muchas ocasiones.

C. Sierra.-  La revisión muestra resultados especialmente positivos en áreas como diabetes, seguimiento oncológico y dermatología. ¿En qué especialidades cree que España estaría mejor posicionada para avanzar primero?

L.M. Alonso.-  ¡Error! No se trata de avanzar hacia un modelo anglosajón o nórdico, se trata de REFORMAR nuestro modelo de salud.

Se trata de GESTION, de ser capaces de equilibrar las necesidades de cobertura de todas las especialidades médicas y equilibrar los efectivos de todas ellas en función de la demanda de salud de la población actual y venidera.

En lo referente a las especialidades de Enfermería el caos generado por los diferentes ministerios de sanidad y educación que han sido incapaces de dar respuesta a las necesidades de especialización de la profesión es patente.

C. Sierra.-  . En nuestro país, el desarrollo de la práctica avanzada en enfermería es desigual entre comunidades autónomas. ¿Es esta variabilidad un obstáculo para aplicar modelos basados en esta evidencia?

L.M. Alonso.-  La existencia de 17 modelos de salud diferentes siempre es un problema para todo de lo que hablemos. El marco legal del ámbito sanitario es obsoleto y al referirnos a la Enfermería es directamente cavernícola.

La práctica avanzada en enfermería es el sustituto, legalmente más viable y no por ello menos deleznable, de la ESPECIALIZACION ENFERMERA.

Las Especialidades de Enfermería se crearon en 2005 a imagen del modelo médico, naciendo coja al no ajustarse a las necesidades reales de especialización del colectivo enfermero, pues solo recogía media docena de especialidades, cuando en la práctica existen de facto casi tantas necesidades de especializaciones de los cuidados y las competencias enfermeras, como en el colectivo médico.

Sin duda la variabilidad de los propios modelos de salud y las legislaciones que regulan las comunidades son un OBSTACULO PARA PODER PRESTAR LOS MEJORES CUIDADOS ASISTENCIALES A LA POBLACIÓN.

Supongo que nadie quiere reconocer que el DERECHO A LA SALUD de los españoles no es el mismo para todos, dependiendo del territorio en el que vivan.

C. Sierra.-  La revisión subraya que no se trata de una simple sustitución de profesionales, sino de rediseñar modelos asistenciales. ¿Está el sistema sanitario español preparado para ese rediseño?

L.M. Alonso.-  Según los discursos de la clase política y los gestores sanitarios al final de la pandemia del COVID 19 parecía ser una realidad que estaban dispuestos para afrontar, pero con el paso del tiempo hemos comprobado que no hay valor, ni capacidad, ni conocimiento para abordar una profunda reforma de nuestro modelo de salud, que debería centrarse en la reorganización de los ámbitos asistenciales acorde a las necesidades en materia de salud y de cuidados de la población actual y futura, que nada tiene que ver con la de hace cincuenta años.

Veo muy difícil el abordaje de dicha reforma, lo que nos llevará al parcheo con medidas temporales y tratamientos paliativos.

C. Sierra.-  Desde el punto de vista de la seguridad del paciente, ¿Qué condiciones mínimas deberían cumplirse en España para implementar estos modelos sin riesgos?

L.M. Alonso.-  La gestión de nuestro modelo sanitario (los 17) es puramente partidista, no profesional, de ahí que la SEGURIDAD DEL PACIENTE no sea una prioridad real (salvo en discursos vacíos, pero bonitos) y la mayoría de los gestores, Consejeros, Directores Generales, y Gerentes, no integran la seguridad del paciente en su gestión real, centrada exclusivamente en la reducción de listas de espera, con muy poco éxito, por cierto.

Es la pescadilla que se muerde la cola.

C. Sierra.-  Uno de los hallazgos es que, en algunos casos, la atención enfermera incluye más tiempo, más seguimiento y más educación al paciente. ¿Cree que esto podría mejorar resultados clínicos en patologías crónicas muy prevalentes en España?

L.M. Alonso.-  Totalmente cierto. La población de edad avanzada (más de 8 millones), los pacientes crónicos y pluripatológicos precisan cuidados, prevención, educación, acompañamiento, etc. Funciones netamente enfermeras, de ahí la necesidad de contar con más enfermeras urgentemente, cosa que tampoco se está planificando. Lo que descargaría tanto al médico de atención primaria, como especialmente al ámbito hospitalario.

C. Sierra.-  La evidencia sobre costes es limitada y variable. En el contexto del SNS, ¿Cómo debería interpretarse este aspecto para evitar planteamientos puramente economicistas?

L.M. Alonso.-  El gasto público en sanidad raramente será denostado por el ciudadano. Gastar en salud no es gastar, es ahorrar, a no ser que queramos dejar que la gente se muera sola en sus casas o la calle sin recibir asistencia, ni cuidados. No deberíamos perder nunca ni la UNIVESALIDAD, ni la cobertura completa de las necesidades en materia de salud y de cuidados de la población, siempre con la mejor tecnología disponible y la excelencia profesional de los trabajadores del sector.

NO ES GASTO, ES INVERSION

Lo que no puede ser es reducir la inversión en sanidad, investigación y ciencia mientras los políticos y gestores derrochan, cuando no prevarican, millones de euros con total alegría e impunidad.

C. Sierra.-  ¿Existe el riesgo de que estas estrategias se utilicen como una solución rápida a la falta de médicos sin invertir adecuadamente en formación y estructura enfermera?

L.M. Alonso.-  Sin duda es un riesgo peligroso. La Enfermera española está perfectamente formada y capacitada para realizar todas las competencias actuales, así como las que aún no desarrolla en la práctica. Por lo que no necesita más formación que la propia.

Dicho lo cual no niego que algunos políticos y gestores mediocres intenten parchear la escasez de médicos con enfermeras, pero confío en que el colectivo enfermero se niegue a participar en una operación institucional de INTRUSISMO.

C. Sierra.-  Desde la perspectiva del personal de enfermería español, ¿Cómo debería abordarse este cambio para evitar conflictos profesionales y fomentar una colaboración real con la comunidad médica?

L.M. Alonso.-  Con honradez y claridad. Los profesionales médicos y enfermeras no debemos entrar al juego de políticos y gestores partidistas. Debemos centrarnos en lo mejor para la población de nuestro país, que no deja de ser la prevención y promoción de la salud y la cobertura de las necesidades en materia de salud y de cuidados.

C. Sierra.-  La revisión advierte que no es una solución universal. ¿En qué escenarios asistenciales españoles no tendría sentido aplicar estos modelos de sustitución o ampliación de roles?

L.M. Alonso.-  En todos los escenarios. No debería suceder nunca, cada cual a lo suyo. Si los responsables políticos no son capaces a solucionar los problemas del sector sanitario, lo propio es echarlos a la calle y elegir otros políticos.

Lo que se plantea no es un problema profesional, sino POLITICO

C. Sierra.-  ¿Qué papel deberían jugar las autoridades sanitarias y las comunidades autónomas para trasladar esta evidencia a políticas concretas y bien reguladas?

L.M. Alonso.-  El conjunto de las CCAA debería abordar una legislación común, y una reforma común del modelo de salud, que dé respuesta a las necesidades de la población.

C. Sierra.-  Si tuviera que resumir el mensaje clave de esta revisión para los decisores sanitarios españoles, ¿Cuál sería y qué error interpretativo deberían evitar?

L.M. Alonso.-  No se trata de sustituir los huecos de unos profesionales por otros, o de desmembrar las competencias médicas para decidir cuáles son menos arriesgadas y las puede realizar una enfermera.

Esa horrenda premisa es como decir que para realizar determinadas funciones médicas no es necesario graduarse en medicina.

Sería un hipócrita sino pensase que el mismo principio podrían aplicarlo a las enfermeras, de las que también hay escasez y alguien decidiera que algunas de sus funciones las realizasen técnicos especialistas con una formación profesional y no un grado de enfermería.

Redefinir todas las profesiones sanitarias no es menos complejo que abordar una reforma paulatina y coherente del modelo de salud.

Si he de mandar un mensaje al respecto del estudio, sería que se olviden del mismo y que aborden la necesaria reforma de nuestro modelo, los hospitales deben ser eminentemente quirúrgicos y de problemas agudos, y la atención primaria precisa una gigantesca reforma en prevención y promoción de la salud (que modificará a medio y largo plazo la morbimortalidad del futuro), la educación escolar, la asistencia domiciliaria, la gestión de casos, la atención al paciente crónico y pluripatológico.

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